¿Quién no ha sido víctima de esa cruel pregunta? Digo cruel, con cierto berrinche infantil, pues yo nunca he sabido contestarla.
Quería ser comadrona en mi más tierna infancia, tras olvidar la idea de no hacer nada en la vida para quedarme en casa de mis padres haciéndoles sopa cuando cuando estuvieran desdentados.
Luego pensé que eso no era lo mío, que mi vocación era ayudar a los demás (no sólo a mamá y a papá), y que podía llevar a cabo tal fin mediante la psicología. Sin embargo, tras sufrir una adolescencia cargada de llamadas telefónicas de mis amigas contándome infinidad de gravísimos problemas, como por ejemplo, “tía me gustan dos tíos y no sé que hacer”, esa vocación se fue apagando, cual vela, ante esos soplidos de estupidez. Escuchar gilipolleces no era lo mío. Pasemos a otra cosa.
El terreno de la economía empezó a parecerme atractivo, hasta que me dí cuenta que cuando una división pasaba de 3 cifras, mi mente se colapsaba, y que ante los problemas matemáticos, yo adoptaba una actitud dialogante. Fuera.
Y llegó mi amor platónico, Derecho, y a su vez, mi actual amante, Turismo. Un verano para decidirme entre dos carreras tan diferentes, y tras una dura decisión, que quedé con la segunda.
Y ahora resulta que, sin darme cuenta, el tiempo se acaba, y pronto dejaré de ser universitaria.
Es duro reconocer que los años en los que las consecuencias de tus actos las pagaban tus padres pasaron, es aún más duro reconocer que, sin quererlo, eres adulto, y es momento de bajar del tejado de una etapa, y empezar a construir los cimientos de una vida real.
Y es más duro aún, cuando los quieres todo, y lo quieres ya. Y no sabes por donde empezar, ni por donde seguir, ni por donde acabar, pero lo quieres todo.
Que la llama de la ambición no se apague nunca...
Y ahora me preguntan: ¿qué quieres hacer ahora que acabas la carrera? Ahora si que me parece una pregunta que va mucho más allá de la crueldad. ¿Qué hay de aquello de "cuando seas mayor"?
Me temo que no llevo muy bien esto de hacerme adulta...
